10 de noviembre de 2014

Mayo de 1995

Son las 7 de la tarde, está atardeciendo y estoy sentada en el asiento del medio del coche entre papá y mamá. Es mayo, estamos en 1995, vamos a Barcelona porque es el cumpleaños de la abuela. Mientras que papá y mamá hablan del nuevo bebé suena de fondo en un cassette Joaquin Sabina. Lo oigo, oigo a papá y a mamá, no sé lo que entiendo pero les oigo y me gusta lo que escucho. Me gusta montar en el coche, me relaja. Me gusta pensar que voy a ver a los abuelos, a las tías, a los casi tíos. Aún soy yo sola, yo soy aún la pequeña y la grande, no están todos los bebés que vendrán después. Estoy contenta, soy feliz. Tengo cinco años y mi único problema es adivinar cual es la siguiente canción que va a sonar e intentar cantarla. Papá y mamá juegan conmigo, y me siento muy querida.
Son las 7 de la tarde, está atardeciendo y estoy sentada en el asiendo del medio de coche entre papá y mamá y vuelvo a este momento cada vez que ahora escucho Joaquin Sabina. Y siempre va a ser así, sea el año que sea y tenga la edad que tenga.